Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Domingo 3 de noviembre de 2002
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Editorial
"DESARROLLO" INSOSTENIBLE

sol-2El Banco Mundial y las instituciones de Bretton Woods pregonan desde hace mucho la necesidad del llamado desarrollo sustentable o sostenible. Sin embargo, el mismo Banco Mundial preconiza una política de mero crecimiento económico que no sólo no tiene nada que ver con el desarrollo, sostenible o no, sino que además atenta directamente contra los recursos naturales debido a su productivismo desenfrenado y a la búsqueda de la ganancia sin tener en cuenta los costos sociales y ambientales. Incluso resulta curiosa la esquizofrenia institucional que afecta al banco, pues una división del mismo se alarma a veces por la destrucción ambiental que las demás divisiones y la organización en su conjunto ayudan a generar con sus recomendaciones políticas.

Sea como fuere, el hecho crudo es que el deterioro ambiental producido por la estrategia de crecimiento económico cuesta anualmente al país nada menos que el 10 por ciento de su producto interno bruto, o sea 630 mil millones de pesos, suma que, de no dilapidarse de este modo, permitiría más que duplicar los gastos en salud pública y desarrollo social de este año, o sacar al campo de su miseria, o asegurar vivienda decente a la población indígena, o tantas otras cosas urgentes más.

Lo peor de todo es que el Banco Mundial advierte también que 100 de los 257 mantos acuíferos del país están sobrexplotados, lo cual amenaza con el peligro latente de la sed a las ciudades, de la sequía a enteras regiones, y de la falta de alimentación hídrica a muchas industrias que dependen de dichos mantos. O sea, que la política de explotación de los recursos naturales como si los mismos fuesen inagotables y sumamente abundantes ha llevado a un verdadero desastre ambiental. Este tiene terribles consecuencias: si no hay nuevas fuentes de trabajo y una mejor utilización de la tierra para evitar su deterioro, la pobreza aumentará sin contrapeso. Además, con ella aumentará la dependencia alimentaria y, por consiguiente, la factura en concepto de importación de alimentos. La deforestación para exportar astillas para hacer pulpa de madera, aparte de reducir el manto boscoso y, por lo tanto, la captación de agua, agrava el deterioro del suelo y favorece procesos de desertificación.

Por otra parte, la disputa entre la industria y la agricultura por los escasos recursos hídricos se suma a la competencia entre las ciudades y los cultivos por la utilización de las represas y cursos de agua. Y el norte del país, semidesértico y donde la agricultura altamente especializada y competitiva depende del riego, es también zona de la agroindustria y sede de algunas de las principales ciudades del país de modo que, o todos tendrán escasez relativa de agua, o alguno (muy probablemente la industria transnacional y las maquiladoras extranjeras) medrará a costa de otros sectores.

Es evidente que se ha llegado a una situación límite a causa de la confusión entre los conceptos de crecimiento y de desarrollo y debido a la incapacidad de los sucesivos gobiernos de planificar, cuando mucho, para más allá de un sexenio. La política neoliberal promovida por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial agravó mucho esta situación, que es ya insostenible. El agua es más vital que el petróleo. La tierra sin agua no vale nada y las ciudades, cada vez más pobladas de fugitivos de la crisis rural, pobres, improductivos y marginales, consumen cada vez más agua. El Banco Mundial haría bien en cambiar las prioridades que propone a los gobiernos porque no puede haber un desarrollo económicamente sustentable ni una utilización sostenible de los recursos si el sistema es socialmente injusto, inmoral, políticamente insustentable y depredador de los recursos humanos y materiales. 
 

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