"DESARROLLO" INSOSTENIBLE
El
Banco Mundial y las instituciones de Bretton Woods pregonan desde hace
mucho la necesidad del llamado desarrollo sustentable o sostenible. Sin
embargo, el mismo Banco Mundial preconiza una política de mero crecimiento
económico que no sólo no tiene nada que ver con el desarrollo,
sostenible o no, sino que además atenta directamente contra los
recursos naturales debido a su productivismo desenfrenado y a la búsqueda
de la ganancia sin tener en cuenta los costos sociales y ambientales. Incluso
resulta curiosa la esquizofrenia institucional que afecta al banco, pues
una división del mismo se alarma a veces por la destrucción
ambiental que las demás divisiones y la organización en su
conjunto ayudan a generar con sus recomendaciones políticas.
Sea como fuere, el hecho crudo es que el deterioro ambiental
producido por la estrategia de crecimiento económico cuesta anualmente
al país nada menos que el 10 por ciento de su producto interno bruto,
o sea 630 mil millones de pesos, suma que, de no dilapidarse de este modo,
permitiría más que duplicar los gastos en salud pública
y desarrollo social de este año, o sacar al campo de su miseria,
o asegurar vivienda decente a la población indígena, o tantas
otras cosas urgentes más.
Lo peor de todo es que el Banco Mundial advierte también
que 100 de los 257 mantos acuíferos del país están
sobrexplotados, lo cual amenaza con el peligro latente de la sed a las
ciudades, de la sequía a enteras regiones, y de la falta de alimentación
hídrica a muchas industrias que dependen de dichos mantos. O sea,
que la política de explotación de los recursos naturales
como si los mismos fuesen inagotables y sumamente abundantes ha llevado
a un verdadero desastre ambiental. Este tiene terribles consecuencias:
si no hay nuevas fuentes de trabajo y una mejor utilización de la
tierra para evitar su deterioro, la pobreza aumentará sin contrapeso.
Además, con ella aumentará la dependencia alimentaria y,
por consiguiente, la factura en concepto de importación de alimentos.
La deforestación para exportar astillas para hacer pulpa de madera,
aparte de reducir el manto boscoso y, por lo tanto, la captación
de agua, agrava el deterioro del suelo y favorece procesos de desertificación.
Por otra parte, la disputa entre la industria y la agricultura
por los escasos recursos hídricos se suma a la competencia entre
las ciudades y los cultivos por la utilización de las represas y
cursos de agua. Y el norte del país, semidesértico y donde
la agricultura altamente especializada y competitiva depende del riego,
es también zona de la agroindustria y sede de algunas de las principales
ciudades del país de modo que, o todos tendrán escasez relativa
de agua, o alguno (muy probablemente la industria transnacional y las maquiladoras
extranjeras) medrará a costa de otros sectores.
Es evidente que se ha llegado a una situación límite
a causa de la confusión entre los conceptos de crecimiento y de
desarrollo y debido a la incapacidad de los sucesivos gobiernos de planificar,
cuando mucho, para más allá de un sexenio. La política
neoliberal promovida por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial
agravó mucho esta situación, que es ya insostenible. El agua
es más vital que el petróleo. La tierra sin agua no vale
nada y las ciudades, cada vez más pobladas de fugitivos de la crisis
rural, pobres, improductivos y marginales, consumen cada vez más
agua. El Banco Mundial haría bien en cambiar las prioridades que
propone a los gobiernos porque no puede haber un desarrollo económicamente
sustentable ni una utilización sostenible de los recursos si el
sistema es socialmente injusto, inmoral, políticamente insustentable
y depredador de los recursos humanos y materiales.