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Resonancia de Morelia
M

orelia, Mich., Vine a Morelia a pesar de numerosas advertencias en contra. Después de todo, ¿de qué se trata? ¿De vivir encerrados, en pánico? ¿De claudicar como han claudicado de sus deberes y obligaciones tantos otros que ya se lavaron cómodamente las manos y han dejado a la ciudadanía desprotegida y a la deriva?

Recién se celebró en esta ciudad la edición 37 del Festival de Música de Morelia Miguel Bernal Jiménez, con una apretada agenda que me permitió asistir a nueve conciertos en cinco días y, de paso, mirar algunas interesantes exposiciones de arte visual, particularmente algunas (no todas) de las que habitan las salas del Centro Cultural Clavijero. Casualidad o no, los dos mejores entre esos nueve conciertos fueron los protagonizados por músicos colombianos.

El Cuarteto Q-Arte inició su programa con un gesto de deferencia para el festival, haciendo una muy grata interpretación del Cuarteto virreinal de Miguel Bernal Jiménez, en la que optaron por una muy poco usual aproximación mozartiana (en espíritu, texturas, dinámicas) a una música que suele interpretarse por lo general en clave romántica. En el Segundo cuarteto de Alberto Ginastera destacó particularmente la disciplina y el rigor rítmico en los laberintos planteados por el compositor argentino, así como una amplia paleta de estados de ánimo, desde lo auténticamente rústico del inicio hasta el furioso final abordado con desinhibida energía. Y en medio de esos extremos, una apreciable serie de refinadas gradaciones intermedias. Para finalizar, el Cuarteto Q-Arte ofreció una bienvenida novedad con su ejecución de algunos movimientos de la obra Colombia mística de su paisano Francisco Zumaqué, caracterizada por la detallada atención a las numerosas estilizaciones referenciales que la obra contiene, sin caer en la trampa del pintoresquismo folklorizante. Técnica, expresión, matices, concentración, presencia, fueron las apreciables cualidades de este muy completo recital del cuarteto colombiano.

Y hacia el final de mi periplo moreliano asistí a un espléndido recital del destacado violoncelista Santiago Cañón, paisano de los Q-Arte. Se anunciaba como un “recital multimedia” y confieso que me asusté; hoy en día se perpetran numerosos horrores bajo esa etiqueta, pero por fortuna no fue el caso. En cambio, Cañón ofreció un muy sobrio, muy austero y muy bien tocado recital en el que el único elemento visual fue la proyección (venturosamente estática) en la pared del fondo de una obra plástica por cada obra musical. De inicio, esa joya que es la Suite No. 1 para violoncelo solo de Bach. (No sé por qué hago la precisión: las otras cinco también lo son). Cañón la interpretó con enorme claridad y transparencia, con visión unitaria en la ligazón de sus partes y con un arco ligero que dio lugar a una apreciable transparencia de textura, sin perder en ningún momento la energía interna de esta insuperable música. Sin duda, una de las mejores interpretaciones en vivo que he escuchado de esta obra. Más tarde, La ruta de la mariposa, del colombiano Damián Ponce de León. Se trata de una inteligente concatenación de gestos, técnicas y modos de producción sonora del violoncello, urdidos con una lógica interna tal que la obra pareciera haber sido compuesta por un violoncelista, aunque Ponce de León es percusionista.

Después, dos obras del propio Santiago Cañón, claramente escritas con un singular conocimiento de causa. Ad Noctem, un lúcido y bien desarrollado ejercicio sobre un par de ideas instrumentales; y Ascenso hacia lo profundo, que comparte algunos elementos técnicos y expresivos con la obra de Ponce de León y que tiene momentos y pasajes de una atractiva expresividad. En fin, la pieza Omaramor de Osvaldo Golijov, también muy bien escrita para el instrumento y en general más expansiva y variada que las demás obras contemporáneas del programa, que tienden hacia una profundidad marcada por ciertos episodios contemplativos. A lo largo del programa, las evidencias de las cualidades técnicas, expresivas y estilísticas de Santiago Cañón lo confirmaron como uno de los instrumentistas preeminentes de su generación. Y, detalle no menor, las obras plásticas proyectadas durante el recital son de su propia creación, y presentan calidades pictóricas que las hacen superiores a mucho del arte-basura que circula hoy por estos rumbos.