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México D.F. Lunes 13 de septiembre de 2004
FORO DE LA CINETECA
Carlos Bonfil
S-21: la máquina de la muerte, de Rithy
Panh
El mejor alegato contra el empeño de imponer
la mentira
A LOS ONCE años el cineasta camboyano Rithy
Panh (La gente del arrozal, 1994) conocía de modo muy directo
el horror de los campos de concentración de los khmer rojos.
Estuvo detenido cuatro años en un centro de trabajos forzados del
que logró escapar en 1979, para refugiarse en Tailandia y buscar
finalmente asilo en Francia. Desde sus primeros documentales a principios
de los años 90, su preocupación manifiesta ha sido rescatar
la memoria y combatir la impunidad relacionada con el sangriento periodo
en que su país se transformó en Kampuchea democrática
bajo la tiranía de Pol Pot, con un saldo de dos millones de camboyanos,
la tercera parte de la población, desaparecidos entre 1975 y 1979.
EN
EL DOCUMENTAL S-21: la máquina de la muerte (S-21:
la machine de mort khmer rouge) describe, mediante los testimonios
de tres sobrevivientes y de los verdugos que aceptan hablar de su faena
exterminadora, lo que fue la política de aniquilamiento sistemático
que emprendieron las autoridades para imponer el triunfo del pensamiento
único.
S-21 FUE EL centro de detención en la ciudad
de Phnom Penh, convertido hoy en memorial, museo del horror, con fotos
de los 17 mil reclusos que ahí fueron torturados, reducidos a una
condición infrahumana y, finalmente, exterminados. El director ilustra
con pinturas, algunas de factura propia, lo que fue el ritual de ingreso
a ese centro y la vida cotidiana de los detenidos. Los sobrevivientes entrevistados
visitan el centro S-21, detallan la mecánica de humillación
a que fueron sometidos, se enfrentan a los antiguos verdugos, en aquel
entonces adolescentes, e improvisan una terrible escenificación
de lo vivido. Rithy Panh afina la técnica del documental y diluye
su propia participación para dejar que los protagonistas confronten
sus experiencias, y su reflexión sobre las mismas, con las de quienes
tuvieron el encargo de degradarlos física y sicológicamente.
Lo que subsiste, más allá del rencor y amargura de los sobrevivientes,
y las protestas de disciplina y obediencia obligada de parte de sus verdugos,
es la terrible lógica del genocidio planificado y la perplejidad
que hoy provoca en quienes lo vivieron, víctimas o victimarios.
RECUPERACION DE LA MEMORIA. La empresa del director
se inicia en 1996 con el documental Bosphana, tragedia camboyana,
y prosigue con S-21, la máquina de la muerte, su trabajo más
redondo, a lo que se añade su documental más reciente, La
gente de Angkor (2004), en el que los guías de turistas
del sitio arqueológico de Angkor relatan a su vez lo que fue su
experiencia bajo la dictadura de los khmer rojos, el control absoluto
de los medios, la eliminación de la cultura, de la religión
y de la escuela, la persecución sistemática de toda disidencia
y, sobre todo, la hambruna impuesta que terminó debilitando toda
expresión de protesta hasta convertir a toda la nación en
una república de fantasmas. No hay lugar en estos trabajos de Panh
para el maniqueísmo o la explotación sentimental, la realidad
evocada rebasa las posibilidades de cualquier ficción, como se demostró
hace 20 años con la producción de Roland Joffe, Los gritos
del silencio (The killing fields). Lo que Rithy Panh elabora
de un documental a otro es un proyecto fílmico para impedir que
el olvido inducido desvirtúe la verdad de los hechos, y que la impunidad
que hasta hoy disfrutan antiguos líderes de los khmer rojos,
niegue definitivamente la identidad a las víctimas del genocidio.
El título es elocuente: máquina de muerte refleja voluntad
de exterminio, como en Shoa, el portentoso documental de Claude
Lanzmann, que describe el mecanismo de la solución final durante
el nazismo. Rithy Panh ofrece en S-21: la máquina de la muerte
el mejor alegato contra lo que por años ha sido un empeño
institucional por negar la realidad e imponer la mentira histórica.
(Se exhibirá hoy y mañana a las 12, 16:30, 18:45 y 21 horas,
en la Sala 2).
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