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E S P E C T A C U L O S
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México D.F. Lunes 13 de septiembre de 2004

El Tri, Los de Abajo, Javier Bátiz y Luzbel deleitaron a 110 mil mojados fans

El rock se apoderó el sábado del Zócalo capitalino durante cinco horas

ARTURO CRUZ BARCENAS

El público se convirtió en juez el pasado sábado, en el Zócalo capitalino: aplaudió a Alejandro Lora, brincó con Los de Abajo, bailó con Tex-Tex, ni se inmutó con La Barranca, escuchó con respeto a Javier Bátiz y bajó del escenario a Cecilia Toussaint, en las cinco horas del concierto gratuito Mexicanos al grito de rock.

Fue uno más de los conciertos organizados por el programa Dfiesta del gobierno del Distrito Federal, que ha llevado a la histórica plancha a artistas de calidad y de los llamados de plástico, a varios de reality shows, tipo La Academia y Operación Triunfo. Pero la noche del pasado sábado un cúmulo de emociones contenidas durante años se desbordó. El criticado y prejuiciado rock llegaba al Zócalo capitalino para demostrar que debe estar ahí, no por concesión o gusto de alguien, sino por derecho propio, aseveraron las bandas que tocaron ante unos 110 mil espectadores, según cifras oficiales, o ante 120 mil, considerando los que iban y venían, por la lluvia pertinaz. Pero la banda rocanrolera, como la llama Alex Lora, tiene en el agua un amigo.

Extraña contradicción, pues para los jóvenes es un motivo más de relajo y de actitud heroica. "¡Júntensen!", gritaban unos a otros cuando a las seis de la tarde comenzó la tormenta. Ante las canciones que emanaban de las bocinas se formaban los círculos de amor, el slam, los bailes rocanroleros, los brincos a lo conchero. Con unos esquites se calienta el cuerpo, la garganta, las manos, frotando el vasito.

Para proteger a la interfecta le compro un impermeable de a 10 pesos, azul o gris, que luego formará una gran alfombra visual en el concierto gratis, en el desmadre gratis.

A las seis y media los charcos son dispersados por los zapatos, los tenis, las botas, los huaraches, de los muchachos. Los ríos de gente soportan el vendaval. También el frío. Cae una tormenta y cientos van a guarecerse a los portales, al edificio del Ayuntamiento, donde se pueda. Cientos pierden su lugar, pero miles lo conservan: "Yo de aquí no me muevo ni mi hijo de tres años ni mi mujer".

Sube Luzbel y comienza lo por decenas de miles esperado. A rocanrolear, a ponerse gruesos. Luzbel lanza Pasaporte al infierno, en la voz potente de Arturo Guisar. Algunos darks la festejan, pero la mayoría sólo la escucha. Son estatuas de agua. Nada es capaz de mover a un roquero anhelante de ver a sus estrellas.

La Barranca padece lo peor. La tormenta es tupida, pero decenas de miles no se arredran, no se rajan. Total, vida sólo hay una. Alonso y José María Arreola, Alejandro Ataola y José Manuel Aguilera hacen su mejor esfuerzo, pero apenas y calentaron a unos cuantos. Ya desde Luzbel, los ¡Lora, Lora! Caían como valde de agua fría sobre el ánimo de los otros grupos.

Suben los muñecos de Tex-Tex. Lalo luce un sombrero y pide, por favor, que no lo confundan con Guadalupe Esparza, el de Bronco. Pide una mentada de madre para los que optan por la onda grupera. Asegura que llevan más de 3 mil conciertos, regando arte por todo el orbe. A bailar con el Blues de la rata. "No importa la lluvia, no importa el trueno", grita El Muñeco Mayor, el Chuky del rock. ¿Qué voy a hacer si ella se fue? Me fui de viaje, regresé, pero hallé a mi mujer en la cama, no con otro, sino con otra. Chin. Tampoco soy el de Caballo Drogado.

Ya no será lo mismo

Después de esta noche el rock ya no va a ser el mismo. Lalo invoca a Tláloc; le pide que cierra la regadera. Milagro. Para de llover. Por ellas nos vamos al table-dance, asegura socarronamente Lalo, quien justifica, en la chacota, las infidelidades. Si es infiel, eso es porque está guapo, bello, hermoso. Puro perfil griego. Una rechifla para las mujeres que se aprietan el calzón.

Se anuncia a Cecilia Toussaint. Vestida de negro, su grupo enmarcándola, todo aparenta estar bien, pero algo no está saliendo óptimo. Se comienza a oír una serie de abucheos. ¡Fuera, fuera! Hasta los agresivos ¡chinga tu madre! Una, dos, tres rolas. A los 14 minutos, Cecilia se va. El juez dictó sentencia.

A las 21:25, el Zócalo se inunda con la imaginación táctil de Javier Bátiz. El embajador de la música luce un chaleco con un símbolo de amor y paz. Su guitarra negra brilla en sonidos. Eso es rock y no Negras Tomasas, ha dicho el lirista de pelo afro. Algunos tratan de bailar, pero la mayoría observa lo que sale de esas manos que casi se tocan. La izquierda con la derecha. Bátiz eleva el nivel. Es rock, ciento por ciento nacional. Se hace la V de la victoria y la seña del amor y paz.

Los de Abajo no desperdician la oportunidad y alborotan a la muchachada. "¡A brincar!" El slam, los círculos de amor, a volar, a caminar sobre los hombros de los de al lado, convertidos en alfombras. Los de Abajo son un grupo político y dedican su actuación a Salvador Allende, A Zapata, al EZLN, le mientan la madre a George W. Bush y a Vicente Fox. No desaprovecharan el foro y lanzarán sus consignas, que han llevado a Europa y a los mismos gringos. "¡Para el primer roquero de México! ¡Para José Alfredo Jiménez! Un chavo prende un espray y se ilumina una zona del Zócalo.

"Por un mundo donde quepan todos los mundos", se despiden Los de Abajo.

La espera vale la pena y Alex Lora y su Tri llegan ufanos. Como siempre, Alex masturba su lira, que escupe émulo de semen desde la punta. Se conmemoran los 33 años del Festival de Avándaro. "Cuando Jacobo Zabludovski invitó a ir a divertirse a Avándaro, para promover un negocio donde se vendían autos. No fueron 10 mil, sino 500 mil los que fuimos. Desde entonces nos dicen mugrosos, mariguanos. Para esa prensa amarillista, que chinguen a su madre."

Más de 90 mil gargantas se suman a la mentada contra la prensa amarillista. "Estoy viendo un chingo de raza aquí, en el Zócalo. Ahora Metro Balderas, en un homenaje adelantado para Rockdrigo González. Entre el público que ha resistido y conservado su lugar. Alex tocó todas y se dio el lujo de subir a un coro, el Grupo Sanate y Asociados, que lo acompañaron en Virgen Morena; a Alexander en el violín, a La Banda del Fuego, con boleadoras con extremos en llamas, y a Toño el danzante, conchero emplumado.

Se despide Lora a lo grande, entre aplausos y como poseído. El rock tomó el Zócalo a 33 años del festival de Avándaro. "Aquellos que nos condenaron, son los mismos que hoy nos invitaron a estar aquí", comentó.

Ayer el secretario de Gobierno, Alejandro Encinas, informó que el concierto transcurrió sin incidentes mayores; sólo se remitieron 97 personas a los juzgados por ingerir bebidas embriagantes y algunos estupefacientes; se atendió a 24 personas medicamente, sólo una requirió traslado, hubo dos menores extraviados que fueron entregados a sus familiares.

(CON INFORMACION DE BERTHA TERESA RAMIREZ)

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