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México D.F. Domingo 12 de septiembre de 2004
¿LA FIESTA EN PAZ?
Leonardo Páez
Armillita, el único
Un recuerdo, a 26 años de su muerte
EL LUNES 6 de septiembre fue el aniversario luctuoso
número 26 del maestro de maestros Fermín Espinosa Saucedo
Armillita Chico, nacido el 3 de mayo -irremediablemente de signo
zodiacal Tauro- de 1911 en la ciudad de Saltillo, Coahuila, de donde su
familia se iría a radicar a San Luis Potosí cuando el futuro
torero más poderoso y completo de la historia contaba con cuatro
años de edad, y de la capital potosina a la ciudad de México,
seis años después.
SU
APODO LE venía por partida doble: por su padre, don Fermín,
modesto banderillero a quien el sevillano Ignacio Sánchez Mejías
hiciera providencial quite en la plaza de San Luis, y por su hermano Juan,
modesto matador de toros y calamitoso apoderado de Fermín pero excelente
peón de brega que junto con su hermano Zenaido integrara la mejor
mancuerna de subalternos de todos los tiempos.
SOBRE ESTE SUPERDOTADO para la lidia de reses bravas
se ha escrito mucho, pero quizá lo que otorgue un rango superior
al desempeño profesional de Armillita Chico, antes que sus
portentosas cualidades como lidiador sea la sencillez casi patológica
que lo caracterizó, "su espléndida modestia", ya en medio
de la fama o inmerso en sus soledades, ya en los ruedos del mundo o en
el patio de su casa.
ENERGIA DE RAZAS, carácter sin alardes e
interioridad torera cuasi religiosa que en el Maestro de maestros
no conocieron la ostentación ni supieron de poses o declaraciones
estridentes. Al igual que su increíble tauromaquia e insólita
precocidad, su saber ser, saber estar y saber colocarse, dentro y fuera
del ruedo, resultaban categóricos frente a los juicios apurados.
Y VAYA QUE Fermín dio de qué hablar.
Como torero y no obstante su deficiente administración, permaneció
activo 20 temporadas completas, de 1928 a 1948, así como la de finales
de 1927 y la de principios de 1949, totalizando 25 años de actividad
torera, el triple que, por ejemplo, Joselito El Gallo, a quien sin
complejos se le podría rebautizar como el Armillita español,
para escándalo de los colonizados.
ANTES DE CUMPLIR los 17 años toma la alternativa
española en Barcelona y desde entonces da la pelea -y espectáculo-
en todas las plazas, ante todos los alternantes y frente a todo tipo de
toros, particularmente el tremendo toro español de la preguerra
civil, hasta que Marcial Lalanda y asociados tuvieron a bien correrlo de
España en junio de 1936, arbitraria medida que Juan Belmonte calificara
como "el boicot del miedo".
DESDE ENTONCES, HACE ya 68 años, la fiesta
de toros en España no se anda con cuentos y, a diferencia de nuestros
torpes promotores taurinos, allá los empresarios buen cuidado tienen
de no abrir las puertas a soñadores de gloria extranjeros. Con una
dependencia disfrazada de apertura, el duopolio -la plazota de Insurgentes
y Espectáculos Taurinos de México- se disponen a recibir
con las arcas y brazos abiertos a diestros peninsulares buenos, regulares
y malitos que gustosos aceptan anualmente vacaciones pagadas por enfrentar
de luces novillotes despuntados. Lo bueno es que el maestro Armillita
ya no tuvo que ver tamañas indignidades.
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