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México D.F. Domingo 24 de agosto de 2003
HOSTIGAMIENTO Y TENSION EN CHIAPAS
Nuevamente,
la incapacidad del gobierno federal para atender satisfactoriamente el
conflicto vigente en Chiapas, por un lado, y las actividades violentas
de caciques y grupos de choque priístas, por el otro, han conducido
al enrarecimiento del clima social y político en varios puntos de
ese estado, al grado de que, según diversas denuncias, podría
registrarse en cualquier momento un ataque mayor de paramilitares contra
las comunidades indígenas simpatizantes del EZLN en el Caracol de
Roberto Barrios, en la zona de Palenque. Además, en la región
de Montes Azules también han tenido lugar actos de intimidación
y hostigamiento en contra de los indígenas desplazados que ocupan
esas tierras, una presión que tiene el objetivo de forzarlos a aceptar
su reubicación.
En el caso de Roberto Barrios, la tensión ha alcanzado
niveles realmente alarmantes. La violencia desatada por integrantes de
grupos armados de signo priísta y acusados de actividades paramilitares,
no ha hecho sino crecer en los recientes días y se han registrado
ya ataques con armas de fuego contra simpatizantes zapatistas con la intención
de desalojarlos del Caracol allí instalado. Según información
recogida por este diario, los agresores cuentan con apoyo del gobierno
municipal y de caciques vinculados al PRI, lo que sugiere claramente que
los estamentos de poder más retardatarios de Chiapas se encuentran,
una vez más, detrás de la presente escalada. Por añadidura,
la continuidad del proyecto de construcción de un opulento balneario
turístico en la ribera del río Bascán, contigua al
Caracol de Roberto Barrios, ha enfrentado a los pobladores de la región
y enrarecido todavía más la de por sí grave situación
de desasosiego y enfrentamiento que agobia a esas localidades chiapanecas.
En este ominoso contexto -al que cabría sumar los
dramáticos sucesos en la Escuela Normal Rural de Mactumactzá,
un diferendo mal atendido y que ha sido oscuramente aprovechado por fuerzas
ajenas al conflict--, la actitud de las autoridades federales ha estado
marcada por una negligente tolerancia hacia las actividades de los grupos
delictivos paramilitares que operan en Chiapas y por su incapacidad o desdén
para reconocer que el conflicto chiapaneco requiere, para comenzar a solucionarse,
una firme voluntad política que pasa por corregir la contrarreforma
legal en materia indígena acontecida a principios de este sexenio
y por honrar de una buena vez los acuerdos de San Andrés y la iniciativa
formulada por la Cocopa.
Con todo, si las autoridades federales y estatales no
emprenden de forma inmediata acciones jurídicas que frenen el descontrol
de los paramilitares y sus avales priístas, podrían repetirse
tragedias como la acontecida en Acteal y se corre el riesgo de desmantelar
-como desean los grupos oligárquicos a escala local y nacional-
el auspicioso proceso de gestión cívica encabezado por los
caracoles y las juntas de Buen Gobierno en Chiapas.
De igual manera, es necesario que los diversos gobiernos
competentes reconozcan la improcedencia de proyectos turísticos
como los que se planean en Montes Azules y en el río Bascán,
pues éstos serán sólo causa de depredación
del entorno ecológico, de nuevas formas de opresión y marginación
de los habitantes de esas regiones y de la concesión de privilegios
a unos cuantos -generalmente inversionistas extranjeros y grupos caciquiles-
en detrimento del verdadero desarrollo social y económico de la
región. Poner alto a la violencia y al abuso en contra de las comunidades
indígenas de Chiapas -tanto las de filiación zapatista como
las que no lo son- es una medida urgente que no puede, bajo ningún
motivo, seguir siendo postergada.
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