Directora General: Carmen Lira Saade
México D.F. Lunes 20 de mayo de 2002
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Sociedad y Justicia

México, el mayor generador de gases con efecto invernadero: 356 millones de toneladas al año

Gobiernos de América Latina y el Caribe no pueden frenar el creciente deterioro ambiental

ANGELICA ENCISO L.

A 10 años de la Cumbre de la Tierra, en América Latina y el Caribe continúa el deterioro ambiental. La pérdida de bosques, extinción de especies, degradación de suelos, disminución de agua dulce y contaminación son algunos de los problemas que enfrenta la zona. Además es una región altamente vulnerable al cambio climático, el cual podría intensificar los desastres naturales.

Esto es parte del diagnóstico La sostenibilidad del desarrollo en América Latina y el Caribe, desafíos y oportunidades, que presentaron el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), durante los trabajos preparatorios para la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible, que se celebrará en Johannesburgo en septiembre próximo.

El documento advierte que la valoración de los servicios ambientales no se ha extendido a todos los ciudadanos del planeta ni a los gobiernos, en el sentido de urgencia que requieren las acciones destinadas a frenar y revertir los fuertes impactos que la sociedad ocasiona desde hace varias décadas.

Sostiene que la falta de planeación en el uso de recursos naturales y de tecnología apropiada que garantice su preservación ha generado un "agudo deterioro ambiental en la región, que se traduce en la pérdida de biodiversidad y en la degradación de suelos, disminución de agua dulce, afectación de ríos por azolvamiento y reducción de sus aguas por contaminación".

La riqueza en biodiversidad de la zona se traduce en que tan sólo México, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela están considerados países megadiversos y su importancia no es sólo por el número de especies, sino por la cantidad, que únicamente en estas naciones es posible encontrar.

Destaca que la cobertura vegetal, arbolada y no arbolada, en 1990 era de mil 250 millones de hectáreas, 63 por ciento de la superficie terrestre total de la región. De éstas, 10 por ciento era arbolada y el resto no arbolada; sin embargo, entre 1989 y 1999 la superficie agrícola cultivada aumentó 7.3 por ciento, de 149 a 160 millones de hectáreas, lo cual fue en detrimento de las zonas forestales.

Destaca que la pérdida de bosques en la región, durante el periodo 1980-1990, fue de 7.4 millones de hectáreas al año, y entre 1990 y 1995 fue de 5.9 millones anualmente. Esto significa que en cinco años se perdieron 29 millones de hectáreas, cifra superior a las de Africa y Asia.

Además, 95 por ciento de esta deforestación corresponde a los trópicos. La pérdida de bosques en México y Centroamérica es mucho mayor que en América del Sur, en términos de intensidad. En nuestro país la deforestación supera las 500 mil hectáreas anuales -las últimas cifras del gobierno hablan de 1.2 millones de hectáreas-. Pero de toda la zona Brasil pierde la mayor cantidad de bosques, ya que de 1990 a 1995 desaparecieron 2.5 millones de hectáreas al año.

Los recursos hídricos

En cuanto a recursos hídricos, esta región cuenta con la mayor disponibilidad de agua en el mundo, con algo más de 15 por ciento de la superficie terrestre y 8.5 por ciento de la población global. La disponibilidad potencial del líquido por kilómetro cuadrado duplica el promedio mundial y no tiene parangón en ninguna otra región, agrega el documento.

Unicamente Brasil aporta 45 por ciento del total de los recursos hídricos a la zona, pero el agua subterránea constituye un importante recurso para muchos países de la región. En México, por ejemplo, la sobrexplotación de líquido subterráneo es frecuente en el norte y centro del país, aunque 17 por ciento de los principales acuíferos están seriamente explotados.

Se prevé que para el primer cuarto del siglo XXI las extracciones totales aumentarán 21 por ciento en Mesoamérica. Sumada a la escasez, la contaminación complicará las perspectivas de desarrollo en la región y habrá que exigir una revisión a fondo de las políticas públicas relacionadas con los recursos hídricos.

"En la zona el problema de contaminación muestra signos de empeoramiento preocupante, producto del crecimiento económico, poblacional y de la profundización de ciertos patrones de producción y consumo."

En términos generales, las causas de la contaminación de aire, suelo y agua que experimenta la zona, y sus consecuencias sobre la salud, están asociadas al proceso de urbanización o planificación urbana, así como a la agricultura. Las principales causas de la contaminación atmosférica son: la cantidad y calidad de los combustibles consumidos, actividades industriales, uso ineficiente de la energía, asentamientos urbanos y alta densidad de las zonas urbanas, pero el transporte vehicular es el factor de mayor peso.

En ciudades como Sao Paulo, Río de Janeiro, Buenos Aires, Santiago y México hay complejas estrategias que incluyen la reducción de las emisiones, cambios en combustibles y control de contingencias. De acuerdo con la Cepal, la contaminación atmosférica afecta la salud de aproximadamente 80 millones de habitantes y significa unos 65 millones de días de trabajo perdidos. Esto es causa de unos 2.3 millones de casos anuales de insuficiencia respiratoria crónica en los niños, así como de más de 10 mil casos de bronquitis crónica entre los adultos.

América Latina aporta 5.4 por ciento de los gases con efecto invernadero y el mayor generador es México, con 356 millones de toneladas al año. Las emisiones de México y Brasil representan 53 por ciento del volumen regional, aunque apenas constituyen 12 por ciento de las de Estados Unidos.

A mayo de 2001, 12 países de América Latina habían presentado su primera comunicación nacional ante las instancias de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, y a mediados de año 15 de los 37 países que ya habían ratificado el Protocolo de Kyoto eran de esta región.

La zona es vulnerable al cambio climático, lo cual podría comprometer la sustentabilidad de su desarrollo, en caso de que continúe el fenómeno. "Podría inducir un cambio en los fenómenos hidrometeorológicos, intensificación de los desastres asociados al clima, avances en la desertificación, reducción del área agrícola, afectaciones en las zonas costeras por el incremento del nivel del mar y múltiples perturbaciones en los ecosistemas que comprometerían uno de los mayores reductos de biodiversidad del planeta."

Números Anteriores (Disponibles desde el 29 de marzo de 1996)
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