Mercado negro inmobiliario
a Habana. Se permuta es una de las películas cubanas más populares. Ahí la célebre vedette Rosita Fornés es el eje de una telaraña de compromisos entre personas que quieren hacer un intercambio de viviendas. Pero es tan numerosa y complicada la combinación, que basta que una pieza falle para que se derrumbe todo lo que se fue armando con tanto tiempo, esmero y esperanza.
La cinta de Juan Carlos Tabío es de 1983. Algo de su humor costumbrista ya se siente viejo, pero la esencia permanece.
En Cuba sólo se puede comprar legalmente una vivienda entre particulares a un precio supervisado por el Estado y está prohibido el lucro. La otra vía es permutar. Como en el cine, la realidad confirma que puede llevar meses o años hacer una permuta, pues se requiere que las dos partes ganen algo con el intercambio.
Todos los días en el Paseo del Prado del centro histórico de La Habana se forma un mercado callejero de permutas. La gente acude, pregunta, ofrece y anuncia con carteles lo que quiere o lo que tiene.
Hay que tener mucha paciencia para encontrar la casa o el departamento justo que se pueda cambiar por el propio. Pero todos saben, y lo tratan con discreción, que por debajo del agua
corre un mercado inmobiliario en moneda fuerte, que termina por ajustar la oferta y la demanda.
Gerardo Arreola, corresponsal