.. |
México D.F. Sábado 18 de octubre de 2003
EL ESPEJO BOLIVIANO
La
aguda crisis institucional y social que ha sacudido a Bolivia en las semanas
recientes alcanzó ayer un momento climático con la dimisión
del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, gobernante aristocrático
que nunca consiguió entrar en sintonía con la población
de un país mayoritariamente indígena y con graves desigualdades
sociales, por más que la que ayer finalizó fuese su segunda
estadía al frente del Ejecutivo boliviano.
Tras comunicar al Congreso su renuncia, Sánchez
de Lozada huyó de la capital del país, La Paz, en una acción
que es síntoma de la magnitud del rechazo que su figura suscita.
El dimitente es señalado como responsable de la brutal e injustificada
represión que cobró la vida de 74 personas en fechas recientes,
y muchos son los que eventualmente exigirán que, además de
su retiro de la Presidencia, el ya ex mandatario comparezca ante la justicia.
Con todo, si bien la renuncia de Sánchez de Lozada
era una demanda de todos los grupos opositores a su política, su
retiro del poder no significa el fin de la crisis que atraviesa Bolivia,
aunque sí contribuye a normalizar la presente situación y
a despejar obstáculos en la urgente reconstitución institucional
y social de ese país.
En primer término, es claro que el tema de la exportación
del gas boliviano a Estados Unidos es un asunto pendiente de capital importancia:
fue el catalizador de la protesta social y permanece todavía sin
solución. El factor clave en esta crisis sigue siendo la titularidad
de la riqueza energética. Los yacimientos bolivianos están
en manos de empresas trasnacionales, entre ellas la española Repsol,
a la que Pemex adjudicó un contrato de dudosa legalidad para la
extracción de gas en el norte de México. En Bolivia, las
compañías extranjeras se quedan con la parte del león
de la riqueza energética y trasladan a las arcas de ese país
sólo 18 por ciento de los ingresos por la explotación de
hidrocarburos. Mientras no se corrija ese abuso, la tensión, las
movilizaciones populares y la inestabilidad institucional no finalizarán
de forma pacífica y satisfactoria.
Por otro lado, es patente que el terrible rezago social
y la profunda desigualdad que campean en Bolivia tienen que ser atendidas
de manera resuelta y comprometida. La caída de Sánchez de
Lozada tuvo también su origen en la displicencia de un gobierno
apartado de sus ciudadanos y en la grosera actitud de quien pretende gobernar
desde y para las oligarquías -agitando amenazadoramente el brazo
militar- mientras mira de reojo al grueso de su población. Sólo
con autoridades verdaderamente democráticas, comprometidas con sus
electores y con las causas mayoritarias de Bolivia podrá ese país
resolver la presente crisis y poner en marcha los mecanismos de refundación
constitucional que, cabe señalar, son otras de las exigencias del
presente movimiento social boliviano.
Finalmente, el doloroso caso de Bolivia debería
hacer reflexionar a quienes en México se obstinan en decidir el
destino del patrimonio de la nación dando la espalda a las convicciones
mayoritarias de la sociedad. La riqueza energética nacional es propiedad
exclusiva de los mexicanos, y son ellos quienes deben ser los beneficiarios
y titulares de tales recursos. Por tanto, el caso boliviano debe servir
de ejemplo de lo que, para bien de todos, debe evitarse en México.
ESPERANZA PARA CIUDAD JUAREZ
El
nombramiento de María Guadalupe Morfín como comisionada para
prevenir y sancionar la violencia contra la mujer en Ciudad Juárez,
Chihuahua, constituye una decisión acertada que, de venir acompañada
de voluntad política firme y comprometida de parte del gobierno
federal y de todos los recursos humanos, materiales, técnicos, jurídicos
y presupuestales necesarios para efectuar su labor de forma adecuada, podrá
contribuir significativamente al esclarecimiento de los casos de feminicidio
que han estremecido al país en los pasados 10 años.
Mes y medio después de que el presidente Fox anunciara
la creación de una instancia encargada de enfrentar los terribles
sucesos de Ciudad Juárez, la designación de Morfín
resulta un dato esperanzador. La nueva comisionada tiene larga trayectoria
como defensora de los derechos humanos y de la mujer, y fue titular de
la Comisión de Derechos Humanos de Jalisco. Su sensibilidad en estas
materias y su prestigio profesional permiten suponer que actuará
de manera decidida, con estricto apego a derecho y clara convicción
de hacer valer la verdad y la justicia. También es de esperar que
por su impulso se despejen los alegatos con los que, desde diversas instancias
gubernamentales, se ha pretendido estigmatizar -en un intento por restar
relevancia al caso- a las mujeres asesinadas y desaparecidas en Ciudad
Juárez, y se superen la renuencia y negligencia que las autoridades
estatales y municipales de Chihuahua -tanto en el sexenio de Francisco
Barrio como en el presente de Patricio Martínez- han mostrado a
la hora de perseguir los crímenes y abatir la impunidad que los
posibilita. La oficina que encabeza Morfín debe ser, más
que una nueva entidad burocrática, una prueba de que el Estado ha
comprendido la terrible dimensión de los feminicidios y ha
decidido actuar en consecuencia.
Ha de señalarse que la violencia en Ciudad Juárez
es un crisol en el que se mezclan numerosos factores: criminalidad organizada;
impunidad, negligencia y corrupción de servidores públicos;
narcotráfico; migración; injusticia social; machismo, y discriminación
contra la mujer, entre otros. Por ello la labor de la comisionada debe,
para ser exitosa y contribuir a la reconstrucción del tejido social
juarense, abarcar ámbitos que van más allá de lo estrictamente
jurídico o policial: debe incluir una estrategia amplia y congruente
de apoyo a la comunidad, especialmente dirigida a los grupos más
vulnerables, como las trabajadoras de las maquiladoras. Erradicar la violencia
de género en Ciudad Juárez, a la que se suman las igualmente
numerosas ejecuciones y desapariciones presuntamente ligadas al narcotráfico,
es un reto en el que deben participar todas las instancias de gobierno
de forma decidida y que debe considerar, como piedra angular, la atención
y protección de las familias de las víctimas y la solución
de los problemas y rezagos estructurales en los que estos males se inscriben.
La tarea no será rápida pero sí debe ser amplia, solidaria
y rigurosa en términos humanos y jurídicos.
El nombramiento de Morfín es una esperanza para
Ciudad Juárez y para el país, pero su necesario éxito
se cuantificará en la medida en que sea capaz de atender los reclamos
de la ciudadanía de esa urbe, abatir la impunidad y la corrupción
locales, poner tras las rejas a todos los responsables de los asesinatos
de mujeres y, sobre todo, evitar que éstos se repitan.
|