Elena Poniatowska
Sesenta años del Observatorio Astronómico de Tonantzintla
El Observatorio Astronómico de Tonantzintla, fundado por Luis Enrique Erro, cumplió el 12 de noviembre 60 años, y el Instituto Nacional de Astrofísica, Optica y Electrónica (INAOE), que echó a andar Guillermo Haro, 31 años, que se festejaron a las 10 de la mañana en un día soleado frente los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl, en Tonantzintla, Puebla.
Si antes el observatorio era una colina solitaria en la que crecían los árboles llamados Moctezuma sembrados por Guillermo Haro, ahora pululan las cúpulas de los telescopios y la construcción del gran telescopio milimétrico, le confiere proporciones gigantescas a este pueblo conocido por los turistas por el fabuloso barroco en manos indias de la iglesia de Santa María Tonantzintla.
El director del INAOE, doctor José Guichard, celebró el inicio en 1942 de una gran aventura del pensamiento humano que se concretó con la creación del INAOE (antes observatorio de Tonantzintla) en 1971. Tanto Luis Enrique Erro como Guillermo Haro fueron dos grandes hombres del siglo XX porque inauguraron la astronomía moderna en México. (Antes sólo se hacía astronomía de posición). Es en Tonantzintla donde se funda la astrofísica moderna como tal, capaz de competir con la del mundo entero, ya que se hicieron descubrimientos que contribuyeron a la astronomía internacional y colocaron a México en la punta de la astronomía del mundo. Ya en 1971, Haro se había dado cuenta de la importancia de la ciencia y la tecnología en un país del tercer mundo, y por eso impulsó el desarrollo de la óptica y la electrónica. Ahora en Tonantzintla se dan las ciencias computacionales también.
Alfonso Serrano Pérez Grovas, anterior director del INAOE, aseguró que nada es más importante para un científico mexicano que la formación de recursos humanos. Invertir en el capital humano es uno de los grandes requisitos de la ciencia mexicana, quizá el único. Ni los artículos publicados en el Astronomical Journal, el Astrophysical Journal, Physical Review, Journal of Physics, ni el reconocimiento internacional valen lo que la formación de los jóvenes que se interesan por la ciencia. Un científico vale por los doctorados que asesora. Es fundamental para nuestro país formar nuevos cuadros. Por tanto, lo que el gobierno invierte en ciencia sigue siendo más que insuficiente.
Informó que Tonantzintla fue el primer centro de investigación que salió de la capital, e insistió en que mientras no exista independencia técnica y científica no podremos ser verdaderamente soberanos. Dijo que los 9 mil científicos con los que contamos en la actualidad no bastan, se necesitan muchísimos más y el gobierno debe darse cuenta que invertir en capital humano es asegurar nuestra sobrevivencia. Insistió en la calidad de la educación y de la ciencia y la tecnología, que deben ser competitivas a nivel mundial, sino no sirven. Volvió a hablar de la productividad en el campo -que es el sustento del pueblo- y la que lleva a la independencia. La gran paradoja es que al lado de un instituto de primer mundo como el de Tonantzintla, se dé la pobreza, la falta de oportunidades, el retraso en el campo, la espantosa falta de escuelas, los malos maestros, el desencanto de los niños, el ausentismo, el desinterés en la ciencia y la tecnología.
El Secretario de Educación del gobierno de Puebla, Carlos Alberto Julián y Nacera dio cifras alentadoras para su estado. El 52 por ciento del presupuesto se destina a la educación y a la investigación. En la actualidad son cinco las universidades tecnológicas en Puebla y el año que entra se abrirá una en la Sierra Norte, una de las zonas más pobres del estado de Puebla. Al igual que Serrano, afirmó que quien domina la mente lo domina todo. Si el conocimiento no está al servicio de los demás, no sirve.
(Debe consignarse que para un político, lo que dijo Nacera estuvo muy bien.)
La estrella más alta de la celebración fue Alejandro Cornejo Rodríguez, a quien se le concedió el doctorado honoris causa. Además de ser pionero y uno de los miembros fundadores, en 1972, del INAOE, se le considera uno de sus baluartes científicos, ya que ha graduado a 47 alumnos de óptica, cuya tesis dirigió y gracias a él obtuvieron su doctorado. (Por tanto, Alejandro Cornejo cumple con creces la demanda de formación de científicos de Alfonso Serrano). El propio Cornejo obtuvo su maestría en Rochester y su doctorado en óptica en la Universidad de Tokio, en 1982. Su calidad humana y su compromiso social son reconocidos por todos sus compañeros de trabajo. La ovación recibida corrobora su popularidad. Campechano y simpático como él solo, su discurso lo pintó de cuerpo entero. Llamó a la capital "la capirucha" y mostró con transparencias las escuelas en las que había estudiado en la colonia Guerrero, una de ellas cercana al Salón Los Angeles. Ratificó su amistad con Manuel Peimbert Sierra y no olvidó a Chava Flores ni a Guadalupe Trigo ni a su autor favorito, el novelista Fernando del Paso. Crítico, habló de un "entristecedor retroceso" en la política científica y cultural del país, no se diga en la social y en la de derechos humanos. Refrendó su pasión por el EZLN y su deseo de que se cumplan los acuerdos de San Andrés, y aseguró que se consideraba ante todo un trabajador que cumple una tarea diaria y no va a sacar el pie del acelerador. El público que llenaba el auditorio del Centro de Información del INAOE se le entregó como los chavos se le entregan a un cantante de rock. El ambiente cordial, festivo, hizo que todos se sintieran contentos como si estuvieran estrenando un espíritu nuevo que les sienta muy bien.
Asimismo, se develaron dos bustos, uno de Luis Enrique Erro y otro de Guillermo Haro. Era obligatoria la visita al sitio en el que se encuentran las cenizas de Luis Enrique Erro, una parte de las cenizas de Guillermo Haro (la otra está en la Rotonda de los Hombres Ilustres en el Panteón de Dolores) y finalmente las de la doctora Paris Pishmish, cuya hija, Elsa Recillas Pishmish (quien también fue directora del INAOE), hizo un espléndido recuento de la historia del Observatorio de Tonantzintla, desde su fundación hasta nuestros días.
En la tarde hubo una mesa redonda, La influencia del Observatorio de Tonantzintla en el desarrollo de la ciencia moderna en México, coordinada por Jorge Bartolucci (quien escribió el libro La modernización de la ciencia en México. El caso de los astrónomos), en la que participaron Arcadio Poveda, Alfonso Serrano, Elsa Recillas y el propio Alejandro Cornejo. En Tonantzintla las ceremonias se han sucedido en forma ininterrumpida con la alegría de construir lo nuevo. En los días que siguieron se graduaron 65 estudiantes, 50 de maestría y 15 de doctorado en las areas de astrofísica, óptica, electrónica y ciencias computacionales. Asimismo, se les dio un reconocimiento a los trabajadores con más de 25 años de labor en el INAOE. El doctor Santiago Portilla, historiador y director del Instituto José María Luis Mora (Guillermo Haro era un admirador de la obra México y sus revoluciones) dio una conferencia (según José Guichard muy buena) que versó sobre la evolución política del Estado mexicano en el siglo XX. Ya para cerrar, se llevó a cabo el tercer Encuentro de Investigación del INAOE, en el que todos los investigadores (jóvenes y viejos y no tan viejos) exponen sus temas actuales de investigación.
A diferencia de los escritores, los pintores, los políticos y las vedettes, a los científicos no se les hace publicidad. (O no se la hacen). Sin embargo, sin ciencia computacional no estarían los novelistas escribiendo porque no habría computadoras (claro, no habría luz si Edison hubiera sido un poeta, aunque en cierta forma lo fue). Bajo la respiración inmensa de las nubes, el Observatorio de Tonantzintla le ha dado a México, a través de sus callados y modestos investigadores, la posibilidad de una inteligente, una lúcida, una bien construida estructura que nos eleva por encima del desamparo oficial.