Buenos propósitos y decepciones en educación y avances científicos ¿Y la política tecnológica? Alejandro Canales En los países en desarrollo es cada vez más notoria la importancia que se le concede a las nuevas tecnologías de información y comunicación para enfrentar los rezagos educativos y ofrecer novedosas alternativas de formación. En la reunión de ministros de educación de los nueve países que concentran más de la mitad de la población mundial y los mayores retos en esta materia (Grupo E-9), realizada el año anterior en Pekín, China, quedó de relieve el papel que podría, desempeñar la educación a distancia y las nuevas tecnologías para ampliar y mejorar los servicios educativos. Sin embargo, es necesario considerar la postura de cada gobierno respecto al tema educativo. Este es un imperativo que no se puede soslayar, sobre todo frente a un contexto de recursos escasos, la necesidad de políticas de largo alcance y la urgencia de resolver los problemas.
En cuanto a la parte educativa, el programa e-educación se ofrecería nuevas formas de proporcionar el servicio y "un medio para el desarrollo integral de los mexicanos". En las diferentes regiones habría espacios que contarían con una infraestructura mediática para ofrecer programas educativos y de capacitación. Sin embargo, el reciente Programa Nacional de Educación 2001-2006 no precisa formas ni plazos para cumplir con este propósito, únicamente señala que en cada municipio se instalará al menos una plaza comunitaria. El gobierno federal ya emprendió o anunció diversas acciones dirigidas a aprovechar las posibilidades que ofrece la tecnología informática. El problema, sin embargo, es que no está claro si forman parte de una política de largo plazo o más bien son hechos aislados de amplia resonancia pero de dudosa efectividad. Hace ya casi un año, en febrero de 2001, el Ejecutivo federal puso en marcha el primer centro comunitario en un poblado de Durango, pero nada se supo de su organización y, de ser el caso, qué resultados se han obtenido. Otro tanto puede decirse del compromiso de dotar de computadoras a aproximadamente 50 mil profesores de enseñanza básica, oferta realizada en el marco de la negociación anual con el sindicato magisterial en mayo del año anterior. O bien, la forma de articulación de diferentes dependencias del sector educativo (Conacyt e INEA entre otras) que comparten propósitos similares en el uso de las nuevas tecnologías, pero que no parecen trabajar coordinadamente. No menos importante es la estrategia que articula los portales de apoyo a la educación recientemente puestos en marcha o los convenios de cooperación con ITESM, Microsoft, Intel y otras firmas.
Desde luego se requiere mayor impulso a la infraestructura de telecomunicaciones en el país. Los datos del último censo de población revelan que todavía el 5 por ciento de las viviendas carecen de electricidad -porcentaje que se incrementa en las entidades y municipios con mayores carencias- y solamente 9 por ciento de habitantes en el país posee computadora. Igualmente, según información de la SCT, sigue siendo sumamente reducido el acceso al servicio telefónico: el número de líneas telefónicas fijas es de poco más de 13 millones, una teledensidad de poco más de 10 por ciento. Lo mismo ocurre con los usuarios de Internet, cifra que estima la misma secretaría en poco más de 4 millones de personas en el país. Como quedó expresado en el Informe sobre Desarrollo Humano 2001, de la ONU no necesariamente todos los países deben estar a la vanguardia del desarrollo tecnológico, pero se debe tener la capacidad de comprenderlo y adaptarlo al contexto local. No basta la apertura de mercados y la competencia; "a escala mundial, son las políticas, y no los actos caritativos, lo que determinará, en última instancia, si las nuevas tecnologías se han de transformar en un instrumento de desarrollo humano en todo el mundo". El autor es investigador del Seminario de Educación
Superior, CESU-UNAM
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