domingo Ť 25 Ť marzo Ť 2001

Néstor de Buen

Simbolismos, soberbias, cerrazones, intolerancias y miserias

Habra que anotar el 22 de marzo como una fecha importante en la nueva historia de México. Esto hubiera sido muy difícil hace algunos años pero hoy los medios nos han convertido en testigos de los hechos más notables de esta nueva etapa de nuestra vida política. Hemos viajado a Fresno, California, con el presidente Fox; a Chiapas con los ganaderos inconformes, amenazantes. Al Senado para conocer los mensajes adversos al diálogo aunque se diga que éste se acepta. Ya el propio Diego Fernández de Cevallos ha calificado, mejor que cualquiera de sus contrarios, los motivos de la negativa, por cierto que precaria, para no permitir la entrada de los zapatistas. A los periodistas les dijo Diego que seguramente los acusarían de ser soberbios, cerrados e intolerantes. A confesión de parte, relevo de prueba.

Entramos al Congreso. Me sorprendió el discurso de Felipe Calderón, citando a Juárez, lo que llama la atención en un panista del viejo cuño, con rechazos encendidos en contra de la visita de los zapatistas. Un hombre habitualmente calmado y cerebral asumió el tono del mitin de plazuela, aunque debo reconocerle que fue impresionante. Beatriz Paredes le dio, en cambio, al clavo: estamos en medio del simbolismo. Y nos dijo, en rigor, que lo importante es la intención de resolver un problema grave, no el respeto a intangibles.

Martí Batres, también vibrante como Felipe, fue el abogado que defiende su causa ante el jurado, con las pruebas en la mano. Y lo mejor es que convenció.

Creo en la intención de Fox. Lo ví incómodo ante la posibilidad de que su invitación no tenga respuesta. De hecho hasta este momento no la ha tenido, ya que lo que he visto de los comandantes zapatistas es su afirmación de que falta cumplir tres de las condiciones. Pero el mensaje final de Marcos, al filo de las 22:10, me abrió las esperanzas de que las cosas hayan iniciado el camino de la razón. "Parece, dijo Marcos, que la puerta del diálogo empieza a abrirse". Todo acompañado del anuncio de la suspensión del viaje de regreso.

No deja de ser sorprendente que el PRI haya adherido a la propuesta que permitirá por 220 votos contra 210 y siete abstenciones, el ingreso de los zapatistas al Congreso de la Unión. También extraña que Enrique Jackson, baluarte del PRI en el Senado, haya votado en contra de la mayoría que rechazó el diálogo. Antes él y Diego eran la mejor expresión de esa soberbia, cerrazón e intolerancia con que Diego se adelantó a los que sus críticos le dicen ya.

Lo cierto es que no estamos acostumbrados a que el partido supuestamente en el poder se haya convertido en el principal enemigo del presidente formalmente electo por ese partido. Yo creo que en la jornada de este jueves lo que se ha puesto de manifiesto es la explosión de inconformidad de los viejos panistas, los de la escuela de Gómez Morín, Christlieb, González Luna y González Morfín, contra un panismo nuevo, así llamado por lo menos, que tiene como modelo a Clouthier, un hombre valioso y valiente pero que siempre jugó con la bandera del pragmatismo.

Hablará Marcos en la tribuna. Defenderá la reforma constitucional y cuando concluya el acto, los ánimos se relajarán, habrá una sensación de que el Congreso jugó a serlo de verdad y entre tanto el presidente Fox habrá de meditar en cuáles y cómo serán las alianzas de mañana que le permitan desarrollar sus planes. Más allá de Chiapas, por supuesto.

Es, sin la menor duda, un triunfo de los zapatistas y, culto a la personalidad de por medio, de Marcos. Terco, tozudo o empeñoso, se ha hecho realidad su vieja propuesta de principios del conflicto, de conquistar la ciudad de México. Lo que también le servirá para entender que los problemas de Chiapas no son los únicos, que su gestión, a veces oficiosa, tiene una clientela mayor, multilingüe. Y a nosotros, no tan apacibles ciudadanos de esta ciudad entrañable y difícil, nos ha hecho ver que nuestra presunción de ser titulares de los principales problemas no es otra cosa que una exageración porque los problemas mayores están en otras latitudes.

O quizá también en éstas donde un trabajador que sufrió en 1960 un accidente de trabajo por el que perdió un ojo, lo que permitió una calificación de incapacidad de 60 por ciento, recibe del ISSSTE una pensión diaria de cuatro centavos. En otras palabras, $1.20 al mes. šViva la justicia social!