DOMINGO Ť 4 Ť MARZO Ť 2001
Ť Machinea continúa en el Ministerio de Economía hasta que se nombre a su sucesor
Piden renuncie presidente del banco central argentino
Ť Pou sigue atrincherado a pesar de evidencias sobre su participación en lavado de dinero
STELLA CALLONI CORRESPONSAL
Buenos Aires, 3 de marzo. El gobierno de Fernando de la Rúa confirmó este día la renuncia del ministro de Economía, José Luis Machinea, después de una noche tensa y cargada de rumores sobre otros alejamientos de su gabinete. Machinea continúa en el cargo hasta la designación, en las próximas horas, de su sucesor. Los nombres en danza son los de Ricardo López Murphy, economista ultraneoliberal, actual titular de la Defensa, a quien se le ofrecería el cargo mañana cuando regrese al país, y Chrystian Colombo, jefe de gabinete del gobierno, pero el mandatario optó por dejar el anuncio para mañana. Pero nadie sabe qué condiciones pondría el duro López Murphy, quien debería producir otro ajuste a corto plazo.
Anoche hubo largas y también duras reuniones en la residencia presidencial, donde la prensa esperó hasta la madrugada de hoy para conocer el nombre del sucesor, o al menos la confirmación de una renuncia, que por lo bajo ya conocía todo el país. Entre los asistentes estaban los jefes de los partidos integrantes de la alianza gobernante: el ex presidente Raúl Alfonsín, de la socialdemócrata moderada Unión Cívica Radical (UCR), y Carlos Chacho Alvarez, del centroizquierdista Frente País Solidario (Frepaso). Esta mañana, Ricardo Ostuni, vocero presidencial, quien estaba acompañado por el ministro de Justicia, Jorge de la Rúa, hermano del presidente, leyó la escueta nota de renuncia de Machinea, pero no pudo justificar la tardanza del anuncio, que creó considerable incertidumbre. En danza también está el nombre de Domingo Cavallo, aunque se le relaciona como candidato a ocupar la presidencia del Banco Central de la República Argentina (BCRA), donde Pedro Pou, su actual titular, sigue atrincherado, a pesar de las evidencias surgidas en la última audiencia del Senado estadunidense, donde un subcomité que investiga el lavado de dinero en bancos de ese país y Argentina -entre otros- presidido por el demócrata Carl Levin, dejó en claro que el BCRA, por las razones que sean, amparó el lavado de dinero realizado por Raúl Moneta y otros personajes del gobierno de Carlos Menem. Pero también entre los nombres que contienen las 25 cajas de documentos de la investigación sobre lavado, que, en una maniobra a todas luces oscura, se lograría sacar de manos de los legisladores que investigan el caso, figurarían algunos funcionarios y empresarios ligados con el gobierno actual.
Intenta borrar huellas antes de irse
Tanto el presidente De la Rúa como otros funcionarios han pedido a Pou que deje su cargo, pero éste se resiste y el gobierno debe esperar los canales legales, la destitución por medio del Congreso. Muchos analistas estiman que Pou no se va porque intenta "borrar huellas" antes de irse.
Todos los analistas coinciden en un punto: este es un momento crítico para el país, y las especulaciones giran en torno a la posibilidad de que las nuevas medidas y los posibles cambios en el gabinete estén dirigidos a establecer otra alianza de gobierno, que supere a la que se integró en agosto de 1997 entre la UCR y el Frepaso, y que tuvo resonantes triunfos en su momento hasta ganar las presidenciales, en octubre de 1999.
Sin embargo, hasta ahora las razones de la renuncia de Machinea son un punto central de las especulaciones. Puede ser que el "golpe de mercado", sobre el que advertían algunos medios locales, haya sido un "autogolpe" de algún sector del gobierno. Y nadie puede descartar el huracán interno que ha provocado el escándalo del lavado de dinero de las oscuras privatizaciones de la década pasada, que por supuesto los grandes beneficiarios no quieren investigar. El vergonzoso respaldo al presidente del BCRA, Pedro Pou, por parte de empresarios, banqueros y las "águilas" del sector externo muestran claramente los dos pesos y las dos medidas de la conducta política de Washington, muchas de cuyas figuras del poder actual están involucradas en los delitos
de lavado y pagos de coimas (sobornos) que se investigan. Por esto no extrañaron a nadie algunos comentarios sobre los "acuerdos" entre los ex presidentes de Estados Unidos y de Argentina, George Bush y Carlos Menem, respectivamente, para mantener la impunidad en torno a la corrupción de la década pasada, en negocios que los unieron a ambos, cuyo "toque final" puede haber sido anudado con la presencia de los dos en Kuwait, recientemente.
Por otra parte, la mayoría de los analistas estima que Machinea no pudo lograr que el llamado blindaje -un préstamo de unos 40 mil millones de dólares, dispuesto por el FMI y otros bancos para pagar los descomunales intereses de la deuda externa- lo protegiera a él mismo en una situación de crisis, donde nunca se pudo reactivar la economía, que recibió este gobierno en aguda recesión en diciembre de 1999.
Su renuncia reveló que la crisis "es más profunda que lo económico", sostiene un análisis del periódico La Nación. Todos se preguntan si será suficiente un cambio de figuras para que arranque la economía detenida en el tiempo. Desde el plano sindical, las distintas centrales que se enfrentan en algunos aspectos coinciden en que se necesita mucho más que un simple cambio de figuras o una restructuración de gabinete. "El gobierno -dicen- tiene que tomar las riendas políticas del poder y gobernar hacia el país y no hacia los que exigen desde afuera acciones que pueden llevar a Argentina a una fractura absoluta. No hay más tiempo".
Después del anuncio del llamado blindaje, a finales del año pasado, lo que hizo crear una sensación de reactivación que no existió en la realidad, Machinea quedó atrapado por la parálisis que también afecta a otros sectores del gobierno. O no pudo dar más pasos. El PIB sufrió una caída cercana a 1 por ciento en 2000, pero en el último cuatrimestre ésta se aceleró a cerca de 2 por ciento.
Como señala en un artículo especial el periódico La Nación, el consumo no fue el rubro más afectado, aunque, por su impacto directo sobre la población y sobre los votos, parezca lo contrario. "En concreto, sufrió una retracción del orden de 3 por ciento". La inversión cargó con todo el peso de la crisis, con una caída de alrededor de 6 por ciento, influyendo gravemente sobre el desempleo, señala el periódico.
En cuanto al equilibrio de la balanza, fue "fruto de una interesante alza de las exportaciones del orden de 13 por ciento. En este contexto, la recaudación impositiva sigue mostrando números flacos. En febrero último subió un escaso 0.7 por ciento, gracias a los efectos de la última reforma impositiva. Pese a que se intentó contener el gasto público, el déficit fiscal va en aumento. Esto conlleva a una dinámica de crecimiento de la deuda pública para financiar estos déficit, que a los ojos de los inversionistas internacionales comienza a tornarse preocupante, como lo demostraron en los últimos tiempos".
Más grave es la situación para el argentino medio, que vive con terror la incertidumbre del futuro cercano, en medio de la crisis, el desempleo, la recesión y la soledad social.
"Algunos cálculos de consultoras privadas estiman que este año el nivel de la deuda del sector público superará 50 por ciento del PIB, cuando en 1996 rozaba el 40 por ciento. Esto no se puede adjudicar a Machinea, ya que se conoce que la tendencia arrancó en los primeros tiempos de Roque Fernández (1996) al frente de Economia", señala otro análisis. También hay quienes sostienen que al saliente ministro le correspondió desenvolverse en un contexto político con escasa capacidad de reacción." Se menciona que cada vez que el gobierno actuó lo hizo "por detrás", es decir, no públicamente, o cuando ya estaba ahogado por una u otra circunstancia o acontecimiento. En suma, no hubo capacidad política de acción, y si la hubiera, la investigación por el lavado de dinero sería una medida "no sólo para demostrar al pueblo la decisión de no amparar la corrupción, sino de deshacerse de las mafias enquistadas en distintos círculos, que iban a obstaculizar su gestión", como sostuvo la diputada Elisa Carrió, de la UCR (enfrentada al presidente ahora) hablando con La Jornada antes de partir hacia Estados Unidos. En el plano de la Economía, se recordó que la última renuncia traumática fue la de Domingo Cavallo, el 26 de julio de 1996, quien había denunciado las mafias en el poder que administraba Carlos Menem. Pero lo cierto es que ahora quien ocupe el cargo deberá contar con un fuerte aval político ante las circunstancias.
Los hombres
El posible ministro de Economía, que se menciona con mayor insistencia en las últimas horas, es Ricardo López Murphy, economista de la UCR, ultraliberal, actual ministro de Defensa, amigo de Washington y de línea dura. Es un hombre cercano a De la Rúa y muy poco querido en sectores más progresistas. Lopez Murphy es consejero económico del presidente desde 1982. Tiene con él un polémico amigo común, el empresario Fernando de Santibáñez, quien renunció a finales del año pasado, en el marco del escándalo por el pago de sobornos en el Senado, y otros temas que lo ubicaban como un "monje negro" de la política en su cargo de Secretario de Inteligencia. A López Murphy se le menciona como uno de "los talibanes del neoliberalismo", pero su figura es menos polémica que la de Cavallo. En el campo social tendrá indudable resistencia, como en sectores del propio Frepaso.
En principio se había hablado de que podría remplazar a Pedro Pou en el banco central, pero dijo que no quería hacerlo para "no avalar" los supuestos "tribunales populares", una insólita conclusión sobre quienes pedían la salida de este funcionario involucrado en los escándalos de lavado que se investigan.
El otro nombre en danza, el de Chrystian Colombo, actual jefe de gabinete, es un empresario ligado a bancos como el Macro, quebrado fraudulentamente en el pasado, amigo de Enrique Nosiglia, una figura profundamente polémica del radicalismo y también de Santibáñez. Pero es un hombre más accesible para distintos sectores. Llegó a la jefatura de gabinete cuando renunció Rodolfo Terragno, una de las figuras consideradas más "progresistas" de la UCR, que se alejó también a mediados de 2000, en medio de las múltiples crisis políticas.