Ť Concluyó en la Plaza México la temporada (española) 1999-2000


Torpe globalifilia taurina reduce la fiesta a decadente divertimento

Ť Abundaron las novilladas a precio de corridas Ť Pobre desempeño de la torería nacional

Ť Reconquista económica a cargo de sobreprotegidos visitantes Ť Papelazo de la autoridad

El que nace para colonizado

no pasa de contratador.

 

Leonardo Páez Ť En la Plaza México temporadas grandes van y temporadas grandes vienen y el espectáculo taurino en el país sigue sin repuntar, por más que el empresario Herrerías, al término de cada una de las siete que ha organizado declare que la temporada fue "buena", tanto en lo artístico como en lo económico, "pues ahora se cortaron 25 orejas y dos rabos, hubo diez llenos y el público se divirtió".

Con criterios de evaluación como éste se entiende que la Monumental de Insurgentes haya sido convertida en plaza de tercera, que el público sean aficionado a apellidos no a toros, que no tengamos figuras, que las nuevas generaciones de toreros den pena, que la delegación Benito Juárez se haya puesto en evidencia, que los jueces continúen con su excesiva manga ancha al aprobar encierros y premiar faenas, y que la tradición taurina de México (474 años) ande por los suelos.

Espejo fiel de la sociedad en que está inmersa, la decadencia de nuestra fiesta brava coincide con el desquiciamiento de un país que no logra creer en sí mismo.

Pasad a lo barrido, perdonad el tiradero

No tienen la culpa los abusadores sino quienes les permiten abusar. Así, los últimos responsables de cobrar miles de dólares en México por torear novillos despuntados como toros en puntas ųtras lidiar cien o más corridas en su país cada temporadaų son los españoles Ponce y El Juli, y los primeros unas autoridades indignas a merced de empresarios voraces pero sin imaginación.

Si estas figuras hacen valer aquí su menguado celo torero es porque hay empresarios que, a falta de sensibilidad y taurinismo para hacer fiesta, cuentan con recursos para hacer negocitos en el más puro estilo neoliberal tercermundista: importar sin intención de producir.

De los ocho matadores españoles que Herrerías tuvo a bien ofrecer en 15 tardes ųManuel Caballero, Pablo Hermoso, Ponce, El Juli, Uceda Leal, Espartaco, Litri y Muñozų, sólo Caballero, así como el rejoneador Hermoso y el veterano Espartaco mostraron respeto por su profesión y por el público mexicano, consolidándose además Caballero como modelo de pundonor y tauromaquia y resultando a la postre el triunfador del pueblerino serial.

El resto, en diferentes niveles, vino a cobrar, a divertirse ųLitri se despidió sin cortarse la coletaų y a divertir o a aburrir con los toros criados por los amigos de la empresa, adquiridos por ésta y aprobados por una autoridad de oposición sin autoridad, a cambio de Ƒcualquier cosa?

Un vacío y un vitalicio

Por lo que se refiere a los toreros mexicanos seleccionados por Herrerías, puede decirse que ni éste atina a incluir toreros jóvenes con merecimientos y posibilidades ni éstos, por ende, muestran la capacidad de responder a su arbitraria confianza ni recursos para aprovechar oportunidades de antemano injustificadas.

toros icaza Oscar San Román (2), Alfredo Gutiérrez (2 tardes y dos generosas orejas que en su siguiente actuación devolvió), Fernando Ochoa (2), El Cuate Espinoza (2), Alfredo Lomelí (1), Miguel La Hoz (1) y El Chilolo (1), exhibieron no sólo una técnica deficiente sino, lo más grave en alguien que pretende sacar la cabeza como torero, escasa hambre de ser, medida ambición y prudente distancia.

Dos sólidas revelaciones fueron Uriel Moreno El Zapata (2 tardes, una oreja), con un potencial digno de más y mejores oportunidades, e Ignacio Garibay (1 y 1), quien acertadamente regresó de inmediato a continuar su carrera en ruedos iberos.

Sin embargo, los triunfos en la México obtenidos por toreros mexicanos carecen de trascendencia para los globalifóbicos empresarios españoles quienes, amén de su invariable proteccionismo, ninguna necesidad tienen de importar matadores mal capacitados.

Jerónimo, probablemente el torero joven más interesante en varias décadas, vino por una sola tarde y se topó con un descastado lote de Xajay. La empresa, con la miope visión que la caracteriza, no lo volvió a incluir, para luego quejarse de que los toreros jóvenes no responden.

De los nacionales que figuran ųEloy Cavazos, Jorge Gutiérrez, Manolo Mejía, El Zotoluco y Rafael Ortegaų, únicamente Eloy (33 años de alternativa y 50 de edad), con reses jóvenes y astas sospechosas de manipulación, bañó en mano a mano a un despistado Ponce, que en seis temporadas no acaba de tomarle la distancia al novillote que de sobra conoce.

Más tardó Jorge Gutiérrez en recibir dos maternalistas orejas en su segunda actuación que en devolverlas luego de desconcertarse frente a un novillo de la ilusión en su última, decadente tarde.

Mejía y El Zotoluco, con un empeño inversamente proporcional a su personalidad, no logran remontar la dura cuesta de la medianía, y Ortega, seriamente lastimado en su segunda actuación, sigue sin dejar huella en todo lo que bien hace.

Así pues, en sus balances alegres la frivolidad incurable de Herrerías mal puede disimular la disminución del toro de lidia, la chata contratación de tres o cuatro diestros llenaplazas por todo criterio empresarial, la contravención sistemática del reglamento y el desperdicio brutal de una vocación taurina de México, urgida de olfatos bastante más refinados que el suyo.